- Microsoft reduce el precio de Xbox Game Pass Ultimate y PC Game Pass, con rebajas aplicadas de forma inmediata en España y otros territorios.
- Los nuevos Call of Duty dejarán de llegar día uno al servicio y se incorporarán aproximadamente un año después de su lanzamiento.
- Los planes Essential y Premium mantienen su coste y ventajas actuales, mientras el catálogo histórico de Call of Duty continúa disponible.
- La nueva estrategia busca equilibrar precio, valor percibido y sostenibilidad tras las fuertes críticas por la subida de tarifas de 2024–2025.
Xbox ha movido ficha con uno de los cambios más sonados de los últimos años en su servicio de suscripción. Tras meses de críticas por las subidas de tarifas y filtraciones internas que apuntaban a un giro de rumbo, Microsoft ha rebajado el precio de Xbox Game Pass Ultimate y PC Game Pass, pero a costa de renunciar a Call of Duty como lanzamiento desde el primer día. Un cambio que afecta de lleno al modelo que la compañía llevaba defendiendo desde la compra de Activision Blizzard.
La decisión llega en un momento delicado para la marca, con la comunidad todavía molesta por los aumentos aplicados en 2024 y 2025 y con una nueva dirección al frente de la división de videojuegos. Asha Sharma, actual responsable de Microsoft Gaming, había reconocido internamente que Game Pass se había vuelto “demasiado caro” para muchos jugadores, y el ajuste que ahora se anuncia es la respuesta directa a ese diagnóstico.
Qué cambia en Xbox Game Pass: bajada de precio y adiós a Call of Duty día uno
El anuncio oficial detalla una reestructuración que afecta principalmente a los dos escalones más atractivos del servicio. Xbox Game Pass Ultimate y PC Game Pass reducen su coste mensual de forma inmediata, mientras que el resto de modalidades mantienen tanto precio como prestaciones.
En el caso de Game Pass Ultimate, el plan más completo del ecosistema Xbox, la cuota baja en Europa de 26,99 euros a 20,99 euros al mes. Se trata de una rebaja considerable si se compara con la subida agresiva aplicada en octubre de 2024, cuando el mismo plan pasó de 17,99 a 26,99 euros, un incremento cercano al 50 % que generó un fuerte rechazo entre los suscriptores.
Por su parte, PC Game Pass también ajusta su precio a la baja: en territorio europeo, la suscripción pasa de 14,99 euros a 12,99 euros al mes. Este movimiento vuelve a colocar al plan de PC como una de las opciones más competitivas en relación catálogo-precio, sobre todo para quienes juegan exclusivamente en ordenador.
La otra cara de la moneda está en el catálogo. Microsoft ha confirmado que, a partir de ahora, los nuevos juegos de la saga Call of Duty dejarán de formar parte de Game Pass en su día de lanzamiento. En lugar de llegar desde el primer minuto, como sucedió con Black Ops 6, se incorporarán al servicio aproximadamente un año después, coincidiendo con la campaña navideña siguiente a su estreno.
Según la nueva política, las futuras entregas de Call of Duty se sumarán a Game Pass Ultimate y PC Game Pass durante la “siguiente temporada festiva” tras su llegada a las tiendas. En la práctica, los jugadores que quieran jugar al último Call of Duty el día de salida tendrán que comprarlo por separado o esperar bastantes meses hasta verlo en la suscripción.
Así quedan los precios de Game Pass en España y otros territorios
En España, la tabla de precios de Game Pass se reordena, pero no se iguala a la de antes de las grandes subidas. Aun así, supone un respiro para quienes estaban valorando seriamente cancelar la suscripción.
Los nuevos precios en España quedan de la siguiente manera:
- Xbox Game Pass Essential: 8,99 euros al mes (sin cambios).
- Xbox Game Pass Premium: 12,99 euros al mes (sin cambios).
- Xbox Game Pass Ultimate: 20,99 euros al mes (antes 26,99 euros).
- PC Game Pass: 12,99 euros al mes (antes 14,99 euros).
Los planes Essential y Premium se mantienen exactamente igual, tanto en precio como en contenido. Siguen ofreciendo acceso a un catálogo rotatorio de juegos, multijugador online en consola en el caso del nivel que lo incluye y ciertas ventajas adicionales, pero sin el conjunto completo de beneficios que concentra Ultimate.
Fuera de Europa también hay ajustes relevantes. Aunque las cifras concretas varían en cada región, Microsoft ha replicado el patrón de rebajar Ultimate y PC Game Pass mientras congela el coste de las modalidades más básicas. En países como México o Argentina, la compañía ha aplicado descensos similares en moneda local, buscando aliviar la presión sobre el bolsillo de los jugadores sin renunciar al modelo de suscripción como pilar central de su negocio.
En otras zonas, como Chile o mercados donde se había llegado a los 29,99 dólares mensuales para Ultimate y más de 16 dólares para PC, la reducción devuelve las tarifas a un rango algo más cercano al que tenía el servicio antes de las últimas subidas, aunque aún por encima de sus primeros años.
Por qué Call of Duty deja de ser estreno inmediato en Game Pass
El gran nombre propio de este movimiento es, sin duda, Call of Duty. La franquicia estrella de Activision Blizzard se había convertido en el símbolo de la apuesta “día uno” de Microsoft, pero también en el principal quebradero de cabeza para hacer viable la economía del servicio.
Cuando Call of Duty: Black Ops 6 llegó a Game Pass desde su lanzamiento, los analistas ya advirtieron de un posible efecto colateral: la canibalización de las ventas físicas y digitales a precio completo. Un título que tradicionalmente mueve cientos de millones de euros en sus primeras semanas pasaba a estar incluido en una cuota mensual, reduciendo drásticamente los ingresos directos.
Internamente, las cifras habrían confirmado esos temores. El coste de tener un Call of Duty de estreno incluido en la suscripción no se compensaba con el aumento de altas ni con la retención de los usuarios actuales. El resultado era una ecuación complicada: más gasto en contenido, subida de precios impopular y una percepción de que Game Pass empezaba a perder su fama de “servicio barato” para convertirse en otro gasto mensual más.
La nueva estrategia intenta corregir ese desequilibrio. Retrasar la llegada de los próximos Call of Duty a Game Pass protege la ventana de ventas inicial, donde el juego todavía se vende a precio completo, y permite usar la inclusión posterior en la suscripción como segundo impulso comercial meses después.
Al mismo tiempo, Microsoft ha querido tranquilizar a los actuales suscriptores: los Call of Duty ya presentes en la biblioteca de Game Pass seguirán disponibles. El cambio afecta únicamente a las entregas futuras, no a los títulos de la saga que ya se podían jugar a través del servicio.
El papel de Asha Sharma y el giro de timón en la estrategia de Xbox
El giro no se entiende sin la figura de Asha Sharma, nueva responsable de Microsoft Gaming y jefa de Xbox. Tras sustituir a la anterior dirección, Sharma heredó un escenario complicado: subidas de precio muy agresivas, usuarios molestos y un servicio que había pasado de ser percibido como un chollo a ser visto como una suscripción cara más.
En un memorando interno filtrado y posteriormente avalado por los comunicados públicos, Sharma admitió que “Game Pass se ha vuelto demasiado caro para demasiados jugadores”. La ejecutiva defendió que el modelo debía “evolucionar” y que la compañía tenía que encontrar una ecuación de valor que no dependiera de colocar todo su contenido estrella desde el primer día a cambio de una cuota plana.
La rebaja de tarifas y la salida de Call of Duty de los estrenos inmediatos son, básicamente, la materialización práctica de ese diagnóstico. Menos presión sobre los bolsillos de los suscriptores, pero también un recorte en uno de los grandes reclamos del servicio. Una concesión a medias que intenta contentar a quienes pedían precios más razonables sin hundir la rentabilidad de la división.
En paralelo, la nueva dirección insiste en que los estudios internos de Microsoft seguirán estrenando sus juegos día uno en Game Pass. Equipos como Bethesda, id Software, Obsidian, Ninja Theory o los responsables de Forza mantienen el compromiso de lanzar sus próximos títulos directamente en la suscripción, algo que la compañía considera sostenible al tratarse de propiedad intelectual propia.
La diferencia clave es que, en estos casos, no se trata de IP adquiridas por decenas de miles de millones de dólares, como ocurre con Call of Duty. Incluir un Forza Horizon o un RPG de Obsidian en el servicio desde el lanzamiento supone un coste de oportunidad distinto al de meter un superventas anual cuya principal fuente de ingresos son precisamente las ventas en sus primeras semanas.
Un servicio más barato, pero con un valor percibido diferente
La reacción de la comunidad está siendo dispar. Por un lado, para muchos usuarios la bajada de precio de Game Pass Ultimate y PC Game Pass era prácticamente imprescindible tras la oleada de críticas que generó la subida de 2024. Recuperar parte del terreno perdido en términos de coste mensual ayuda a que quienes estaban pensando en cancelar se lo piensen dos veces.
Por otro, la pérdida de Call of Duty como estreno inmediato deja al servicio sin uno de sus mayores golpes de efecto comerciales. La idea de “jugar al nuevo Call of Duty día uno sin pagar 70 u 80 euros” había sido uno de los grandes argumentos de marketing de Microsoft tras la compra de Activision Blizzard, y renunciar a ello no deja de ser un paso atrás respecto a la promesa inicial.
En la práctica, los jugadores que no eran especialmente fans de Call of Duty salen ganando: pagan menos por una suscripción cuyo resto de catálogo se mantiene prácticamente intacto. Sin embargo, quienes se habían suscrito casi exclusivamente por la posibilidad de jugar al shooter de acción bélica desde el primer día perciben el cambio como una renuncia clara de valor.
A nivel de sector, el movimiento acerca a Game Pass a un modelo ya conocido en otros servicios de videojuegos. EA Play, integrado dentro de Game Pass Ultimate, funciona desde hace años con una ventana de retraso similar: los grandes lanzamientos de Electronic Arts se suman al catálogo varios meses después de salir a la venta. Con Call of Duty, Microsoft adopta, en esencia, esa misma lógica.
El resultado es un Game Pass algo menos agresivo en su propuesta de estrenos inmediatos, pero más alineado con la necesidad de hacer rentable una inversión multimillonaria como la compra de Activision Blizzard. La compañía parece haber aceptado que no todo puede incluirse día uno en una cuota plana sin que la cuenta de resultados acabe resintiéndose.
En este nuevo escenario, Xbox intenta encontrar un equilibrio complicado: mantener un catálogo amplio y atractivo, ajustar precios a la baja y proteger al mismo tiempo los ingresos de sus franquicias más rentables. Si el movimiento logrará estabilizar el modelo de negocio y calmar el descontento de los jugadores es algo que se verá en los próximos meses, a medida que se lancen los siguientes grandes títulos y se consolide la nueva política.
El panorama que queda para los usuarios europeos, y especialmente para los jugadores en España, es bastante claro: Game Pass vuelve a ser algo más asequible mes a mes, pero ya no puede presumir de ofrecer el nuevo Call of Duty desde el primer minuto. Quien priorice precio probablemente vea con buenos ojos el cambio; quien vivía pegado a los estrenos del shooter de Activision tendrá que decidir si espera un año, pasa por caja o directamente busca alternativas fuera del ecosistema Xbox.