- Castlevania ha construido en casi cuatro décadas una saga extensa y muy influyente, con más de 30 juegos entre entregas principales, spin-offs y remakes.
- Los títulos clave se reparten entre tres grandes vertientes: clásicos lineales, Igavanias de exploración y experimentos en 3D con resultados muy dispares.
- Symphony of the Night, Rondo of Blood, Super Castlevania IV, Aria of Sorrow y Order of Ecclesia se repiten siempre en la parte alta de los rankings.
- Gracias a recopilatorios modernos es fácil jugar hoy a casi toda la serie, ya sea en orden de lanzamiento o siguiendo su compleja cronología interna.
Los cazavampiros de Konami llevan décadas dando látigazos, y la sombra del castillo de Drácula sigue siendo alargada. Castlevania es una de las sagas más queridas y respetadas del videojuego, tanto por su ambientación gótica como por haber ayudado a definir todo un género, el famoso metroidvania. Y lo curioso es que, a pesar de su leyenda, lleva años sin recibir una entrega completamente nueva.
En todo este tiempo, la franquicia se ha expandido en todas direcciones: más de 30 juegos entre títulos principales, spin-offs, remakes y recopilatorios, varias sub-sagas, incursiones en 3D, experimentos rarísimos en móviles y hasta una serie de animación muy celebrada en Netflix. A punto de rozar las cuatro décadas de historia, conviene pararse, respirar hondo y repasar qué Castlevania son los mejores, cuáles han envejecido regulín y cómo orientarse si entras por primera vez en el castillo.
Por qué Castlevania es tan importante (y tan especial)
Si hay algo que distingue a Castlevania del resto de sagas clásicas es la mezcla que propone: acción, plataformas exigentes, un toque rolero y una atmósfera de terror gótico que bebe de Drácula y otras obras clásicas. A eso se suma un apartado artístico muy cuidado, con sprites memorables, ilustraciones icónicas y una banda sonora que, juego tras juego, se ha ganado su hueco en la historia.
Con los años la licencia ha ido bifurcándose en dos grandes vertientes: por un lado, los títulos de corte arcade y lineal, centrados en superar fases muy bien medidas a base de saltos precisos y látigo; por otro, los llamados Igavanias (por Koji Igarashi), juegos de exploración con mapas interconectados, progresión de personaje y montones de secretos, que tomaron como referencia directa Symphony of the Night.
Además, Castlevania tiene otro rasgo clave: cada nueva entrega retuerce un poco más su propia cronología. El linaje Belmont, las reencarnaciones de Drácula, órdenes secretas como Ecclesia o personajes como Soma Cruz o Shanoa han ido tejiendo una línea temporal compleja, donde no todos los juegos son canon, ni mucho menos encajan en un único timeline oficial.
Konami, eso sí, no se ha olvidado del todo de la franquicia: la mantiene viva mediante recopilatorios, ports, cameos y productos derivados, desde colecciones como Castlevania Anniversary Collection o Advance Collection, hasta pachinkos, juegos menores de móvil o apariciones puntuales en otros títulos. Que no haya un Castlevania grande nuevo no significa que el látigo esté guardado para siempre; si quieres leer sobre posibles retornos, consulta el artículo sobre el nuevo regreso de la saga.
Cómo ordenar la saga: criterios y tipos de rankings
Poner en fila todos los Castlevania de peor a mejor es una pequeña odisea. Comparar un juego de NES con un metroidvania de Nintendo DS o un hack and slash moderno no es nada sencillo, y es fácil caer en el típico «me gusta más porque lo jugué de niño». Por eso, varios medios especializados han optado por listas separadas o por establecer criterios muy claros.
Entre los factores que se suelen usar para valorar cada entrega destacan varios puntos: presentación y despliegue artístico, riqueza de la trama y de los personajes, impacto dentro de la propia saga, influencia fuera de ella, rejugabilidad y recepción por parte de los jugadores. Un clásico que inventa algo pesa más que un título correcto pero continuista; un juego con una banda sonora legendaria y un mapa memorable suele colocarse más arriba que otro más plano.
Por eso te encontrarás rankings que separan: mejores Castlevania clásicos, mejores Igavanias y mejores Castlevania 3D. Otros intentan hacer una lista unificada desde los peores experimentos hasta las obras maestras, incluyendo curiosidades como recreativas sobre raíles, juegos de lucha en arena o entregas para móviles que hoy casi nadie recuerda.
La clave es tener claro que, aunque no exista un consenso perfecto, hay un núcleo de títulos que se repite siempre en la parte alta: Symphony of the Night, Rondo of Blood, Aria of Sorrow, Super Castlevania IV, Dracula’s Curse u Order of Ecclesia. A partir de ahí, entran ya las preferencias personales y cuánto peso le das a cada etapa.
Los Castlevania más flojos: experimentos y tropiezos sonados
En una saga tan larga es inevitable que haya patinazos. Hay entregas que intentaron abrir nuevos caminos y se quedaron cortas, y otras que simplemente nacieron con limitaciones técnicas o de diseño demasiado evidentes frente a sus hermanas mayores.
Entre los menos recordados aparece Castlevania: Order of Shadows, un juego para móviles de 2007 que quiso traducir la fórmula clásica al teléfono de la época. La idea era loable, pero gráficos muy humildes, controles imprecisos y diseño irregular lo dejaron muy por debajo del estándar de la marca, hasta el punto de quedar fuera de la cronología oficial.
Algo parecido ocurre con Castlevania: The Arcade, una recreativa de 2009 planteada como shooter sobre raíles al estilo Time Crisis, pero con látigos y armas típicas de los cazavampiros. Es un spin-off simpático, pero su propuesta se queda en curiosidad puntual más que en algo que quieras revisitar una y otra vez.
Más delicado es el caso de Castlevania Judgment, el juego de lucha para Wii desarrollado con Eighting. Sobre el papel sonaba bien: peleas en arenas 3D con los grandes protagonistas de la saga. En la práctica, los controles con movimiento no terminaban de funcionar, los sistemas de combate eran algo pobres y ni como Castlevania ni como juego de lucha alcanzó el nivel que se esperaba.
También entre los títulos irregulares, pero interesantes, está Haunted Castle, el Castlevania original de recreativa: más centrado en la acción directa y en fases lineales muy duras, sacrificaba la sensación de castillo laberíntico en favor de derrotarte a base de dificultad casi injusta, al puro estilo arcade ochentero.
Cuando el salto a las 3D salió rana (y cuando salió bien)
Dar el salto de los 2D a los entornos poligonales fue un reto para casi todas las sagas clásicas. Castlevania no fue la excepción, y sus primeros pasos en 3D estuvieron llenos de tropiezos. La Nintendo 64 fue el campo de pruebas, con resultados dispares.
El conocido como Castlevania 64 intentó replicar la esencia Belmont en un mundo tridimensional, con cámara caprichosa, controles duros y un diseño de niveles que generó frustración por motivos equivocados. Era ambicioso para su tiempo, pero ha envejecido muy mal si lo comparas con los clásicos de 8 y 16 bits.
Meses después llegó Castlevania: Legacy of Darkness, una especie de edición ampliada y revisada de ese primer experimento 3D. Se añadió una campaña nueva con Cornell, se rediseñaron fases y se pulieron errores graves del original. Sin llegar a ser perfecto, corrigió muchos de los fallos de Castlevania 64 y acabó siendo recordado con bastante más cariño, hasta el punto de incluir como bonus las campañas anteriores con las mejoras aplicadas.
En PlayStation 2 la saga probó una vía distinta con Castlevania: Lament of Innocence, que además sirve como origen oficial de la cronología. Encarnando a Leon Belmont, nos adentramos en un hack and slash con toques de Devil May Cry pero mucho más simple, con un castillo dividido en áreas temáticas y un combate resultón, aunque algo repetitivo por la escasez de variedad en salas y enemigos.
Su secuela espiritual, Castlevania: Curse of Darkness, dio un paso adelante dentro del 3D: mezcla estructura de Igavania con exploración continua, un amplio mapa conectado y un sistema de “forja de demonios” que permite crear familiares para ayudar en combate. Ambientado como continuación de Castlevania III, cuenta con gran parte del equipo clásico (Igarashi, Ayami Kojima, Yamane) y es, para muchos, el mejor Castlevania tridimensional.
Ya en la era de PS3 y Xbox 360, el estudio español MercurySteam lideró un reinicio completo con Castlevania: Lords of Shadow. Aquí hablamos de una aventura de acción lineal, con fuerte inspiración en God of War, una dirección de arte espectacular y una historia independiente del canon clásico, centrada en Gabriel Belmont y los Señores de la Oscuridad. Como juego de acción es notable, aunque algunos fans lo sienten tan distinto que les cuesta verlo como “un Castlevania de verdad”.
Su secuela, Lords of Shadow 2, fue mucho más polémica. Encarnar a Gabriel convertido ya en Drácula sonaba a idea rompiente, pero un diseño de niveles irregular, secciones de sigilo pesadas, altibajos visuales y un guion poco sólido hicieron que el conjunto se quedara lejos de lo esperado. Con el tiempo se le reconoce cierta ambición, pero sigue siendo una entrega divisiva entre los seguidores.
En medio de esta trilogía apareció Lords of Shadow – Mirror of Fate, pensado inicialmente para Nintendo 3DS. Recuperaba el desplazamiento lateral y la estructura de exploración, enlazando narrativamente las dos entregas mayores y permitiendo controlar a distintos personajes en diferentes épocas. Es un título recomendable para fans del arco Lords of Shadow y de los metroidvania en general, aunque esté un paso por debajo de los grandes 2D clásicos.
La edad de oro portátil: Game Boy, GBA y Nintendo DS
Si hay un terreno donde Castlevania brilló con especial fuerza fue en las portátiles de Nintendo. Desde la humilde Game Boy hasta la Nintendo DS, Konami encadenó una serie de entregas extraordinarias que muchos consideran lo mejorcito de la saga.
En la primera Game Boy arrancó todo con Castlevania: The Adventure, un juego que tuvo que recortar a nivel técnico pero supo adaptar el estilo Belmont a una pantalla diminuta. Sin armas secundarias y sustituyendo las escaleras por cuerdas, introdujo a Christopher Belmont y un sistema de mejora del látigo que perdía potencia al recibir daño. Es tosco y lento, pero sentó una base para futuras portátiles.
Su secuela, Castlevania II: Belmont’s Revenge, mejoró casi todo: niveles más variados, regreso de las armas secundarias, mejor aspecto técnico y una historia más trabajada, con el propio hijo de Christopher como eje dramático. Se considera el mejor Castlevania de la primera Game Boy y un imprescindible para entender la evolución de la saga en portátiles.
En GBA llegó la explosión definitiva del formato metroidvania. Castlevania: Circle of the Moon fue el estreno en la consola, apostando por un gran castillo interconectado, backtracking y un sistema de cartas (DSS) que ampliaba las posibilidades de combate. Incluía además modos extra y una dificultad bien ajustada, aunque su paleta oscura en la pantalla sin retroiluminación de la GBA original dificultaba a veces la visibilidad.
Le siguió Castlevania: Harmony of Dissonance, con Juste Belmont como protagonista, que dio un salto visual y de animaciones importante, afinando la fórmula y añadiendo el sistema de fusión de hechizos y armas secundarias. Su mapa doble y el modo Boss Rush aportaban un plus de contenido, a la vez que buscaba acercarse aún más al espíritu de Symphony of the Night.
El punto álgido en GBA fue Castlevania: Aria of Sorrow. Ambientado en 2035 y protagonizado por Soma Cruz, reencarnación del poder de Drácula, ofrece uno de los mejores mapas de toda la serie, un sistema de almas (Tactical Soul) adictivo a rabiar y una historia fresca y sorprendente. Muchos lo consideran el mejor Castlevania portátil y el heredero más directo del trono de Symphony of the Night.
En Nintendo DS la saga continuó con Castlevania: Dawn of Sorrow, secuela directa de Aria. Mantenía el sistema de almas, mejoraba notablemente el apartado gráfico y añadía usos del stylus, como los Magic Seals para rematar jefes trazando símbolos en pantalla. Aunque esa mecánica concreta no gustó a todo el mundo, el juego se colocó rápidamente entre los favoritos de los fans.
Después llegó Castlevania: Portrait of Ruin, que retomaba el hilo de Bloodlines en plena Segunda Guerra Mundial. Su gran novedad era el sistema de doble personaje: Jonathan y Charlotte, alternables al vuelo y combinables para ataques conjuntos y resolución de secciones de diseño específico. El mapa se fragmentaba en cuadros pintados que llevaban a diferentes escenarios, logrando variedad visual, aunque para algunos esa estructura le resta cohesión al castillo principal.
Por último, la DS cerró su trilogía con Castlevania: Order of Ecclesia, uno de los títulos más queridos y exigentes de la saga. Shanoa, capaz de absorber glifos para equiparlos en cada mano, protagoniza un juego que arranca con fases más lineales y duras, a modo de homenaje a los clásicos, para luego abrirse en un gran castillo exploratorio. Combina un sistema de combate profundo, una banda sonora brillante, una dificultad alta y un diseño de niveles muy cuidado, convirtiéndose en una auténtica carta de amor a Castlevania y, de momento, el último gran juego canon.
La trilogía clásica de NES y el salto a los 16 bits
El origen de todo está en un cartucho de NES. Castlevania (1986) definió un estándar para los juegos de acción y plataformas laterales: seis fases, jefes memorables, un látigo que se sentía poderoso y un diseño de niveles duro pero justo. Su duración era corta, pero su equilibrio entre reto, ambientación, gráficos sobrios y una banda sonora inolvidable lo convirtieron en un clásico atemporal.
Como reinterpretación en MSX apareció Vampire Killer, que tomaba los mismos sprites y número de niveles, pero apostaba por escenarios más laberínticos donde encontrar llaves y secretos resultaba esencial para avanzar. Esa sensación de castillo enrevesado anticipaba el ADN exploratorio que luego explotaría Symphony of the Night.
La secuela Castlevania II: Simon’s Quest dio un giro arriesgado: abandonó la estructura puramente lineal y se lanzó a un mundo semiabierto con ciclos día/noche, toques de RPG y varios finales. Podías explorar pueblos, cementerios y criptas alrededor del castillo, mejorando al personaje y resolviendo enigmas. Fue muy rompedor para su época, aunque ciertos enigmas crípticos y pistas mal traducidas le jugaron una mala pasada.
Con Castlevania III: Dracula’s Curse la saga regresó a una estructura más clásica, pero a la vez elevó el listón a lo grande: fases numerosas, rutas alternativas, dificultad altísima y la posibilidad de reclutar hasta tres personajes adicionales (Grant, Sypha y Alucard), entre los que podías cambiar en tiempo real. Es uno de los títulos más ambiciosos de NES y sigue considerándose de los mejores Castlevania de corte tradicional.
El salto a los 16 bits llegó con Super Castlevania IV en SNES, un remake/libre reinterpretación del primer juego. Aquí, Simon puede atacar con el látigo en ocho direcciones, columpiarse e incluso manejar el arma de forma más flexible, mientras el juego presume de efectos de rotación y zoom gracias al Modo 7. Visualmente impresionante, con una banda sonora mítica y un diseño de niveles variadísimo, se suele citar como el mejor Castlevania de la era clásica.
En Mega Drive, Konami respondió con Castlevania: Bloodlines (The New Generation en Europa). Esta entrega prescinde de un Belmont puro como protagonista para centrarse en John Morris y Eric Lecarde, dos personajes jugables con estilos muy distintos que recorren no solo el castillo, sino distintas localizaciones de Europa. Técnico, rápido y arcade, exprimía el hardware de SEGA con efectos visuales sorprendentes y una personalidad muy marcada.
Rondo of Blood, Symphony of the Night y el nacimiento del metroidvania moderno
Entre los Castlevania clásicos, hay un nombre que sale siempre a relucir con devoción especial: Akumajō Dracula X: Rondo of Blood, lanzado originalmente en PC Engine CD. Es el último gran Castlevania puramente de acción lateral antes del giro metroidvania, y a la vez el modelo sobre el que se cimentó la identidad de la saga en los 90.
Rondo of Blood introdujo a Richter Belmont y a la joven Maria Renard, cinemáticas con estética anime, rutas alternativas dentro de las fases, personajes a rescatar y jefes que cambiaban su comportamiento en el tramo final del combate. Su diseño de niveles es un festival de situaciones nuevas, secretos y rejugabilidad, acompañado por una banda sonora de altísimo nivel. Durante años fue un tesoro casi exclusivo de Japón, hasta su llegada posterior a Occidente vía ports y recopilatorios.
En SNES se publicó Castlevania: Dracula X / Vampire’s Kiss, que retomaba parte de la trama de Rondo y ciertos elementos, pero construía un juego casi nuevo, más limitado en contenido pero todavía muy disfrutable. No sustituye al original, pero sirvió durante años como la versión accesible de esa historia en Europa.
Y entonces llegó el terremoto: Castlevania: Symphony of the Night para PlayStation. Esta secuela directa de Rondo arranca justo donde aquel termina, pero abandona por completo la estructura de niveles para ofrecernos un castillo gigantesco, interconectado y explorable con libertad, donde el avance depende de conseguir habilidades y equipo que abren nuevas rutas.
Symphony pone al mando a Alucard, hijo de Drácula, lo que permite un abanico enorme de habilidades y estilos de combate, reforzados por un fuerte componente rolero: niveles, armas, armaduras, accesorios, hechizos, familiares… Todo ello acompañado de un diseño artístico de matrícula, animaciones fluidas, una banda sonora inolvidable y una cantidad descomunal de secretos, incluyendo el famoso castillo invertido que duplica la aventura cuando crees que se ha acabado.
A día de hoy, Symphony of the Night sigue siendo el listón con el que se miden casi todos los metroidvania posteriores, dentro y fuera de Castlevania. Su influencia llega hasta obras modernas que llevan con orgullo la etiqueta “inspirado en SotN”, y es el punto de referencia para entender por qué el género se llama precisamente «metroidvania».
Otros títulos clave, remakes y recopilatorios a tener en cuenta
Más allá de los grandes nombres, hay varias entregas y recopilatorios que conviene tener presentes. Castlevania Chronicles (o Akumajō Dracula X68000) es una revisión muy cuidada del primer juego, nacida en el ordenador Sharp X68000 y luego adaptada a PlayStation. Mantiene la estructura clásica, pero la potencia técnica y ciertas novedades lo convierten en una de las mejores puertas de entrada al Castlevania original.
En la era Wii, Konami lanzó Castlevania: The Adventure ReBirth, que reimagina por completo The Adventure de Game Boy como un título 2D nuevo, con niveles distintos, mejor control, gráficos coloridos y una banda sonora fantástica. Es un ejemplo de cómo recuperar una entrega floja y convertirla en algo muy recomendable.
En PSP apareció Castlevania: The Dracula X Chronicles, un pack especialmente goloso: un remake en 2.5D de Rondo of Blood, el juego original de PC Engine desbloqueable y, además, Symphony of the Night incluido como extra. Para muchos fue el primer contacto real con Rondo fuera de Japón y sigue siendo una recopilación tremendamente apetecible.
Ya en tiempos recientes, Konami ha ido agrupando etapas enteras en colecciones: Castlevania Anniversary Collection reúne los primeros títulos clásicos (incluyendo el Castlevania de NES, Castlevania III, Bloodlines, The Adventure, Belmont’s Revenge o Haunted Castle) y es ideal para jugar en orden de lanzamiento. Por otro lado, Castlevania Advance Collection agrupa Circle of the Moon, Harmony of Dissonance y Aria of Sorrow, permitiendo revisitar la edad de oro de GBA en sistemas modernos.
Más nueva aún es Castlevania Dominus Collection, que recupera para plataformas actuales Dawn of Sorrow, Portrait of Ruin y Order of Ecclesia, además de una nueva versión de Haunted Castle. Entre Anniversary, Advance y Dominus Collection se puede jugar, con bastante comodidad, a gran parte de la línea principal de la saga en consolas y PC actuales.
El mejor Castlevania: clásicos, Igavanias y 3D cara a cara
Cuando diferentes medios han intentado coronar al «mejor Castlevania», se repite un patrón muy claro. En la vertiente clásica (lineal y arcade), Rondo of Blood suele ocupar el primer puesto, seguido muy de cerca por Super Castlevania IV y Castlevania III: Dracula’s Curse. Los tres combinan un diseño de niveles excepcional, ambientación potentísima y bandas sonoras que han pasado al Olimpo del videojuego.
En el terreno Igavania, la corona casi siempre se la lleva Castlevania: Symphony of the Night, con Aria of Sorrow y Order of Ecclesia peleando por la plata y el bronce. Cada uno tiene sus defensores: hay quien prefiere la dureza y el sistema de glifos de Ecclesia, otros adoran la frescura del Tactical Soul System de Aria, pero es difícil negar que Symphony fue el que lo cambió todo.
Si miramos a las 3D, los nombres que más alto suenan son Curse of Darkness y Lords of Shadow. El primero, por ser el intento más fiel de trasladar el espíritu de un Igavania al entorno tridimensional, con exploración continua y evolución del personaje; el segundo, por su calidad como aventura de acción moderna, su dirección artística y su valor como obra española de referencia, aunque su “sabor” Castlevania divida a la comunidad.
Con todo, hay consenso en algo: Symphony of the Night es el juego más influyente de toda la serie y el que mejor representa lo que hoy entendemos por Castlevania. No es el único imprescindible, ni mucho menos, pero sí el punto donde convergen la ambición, el diseño y el legado.
¿En qué orden jugar Castlevania? Lanzamiento vs cronología
Quien se asoma por primera vez al castillo suele hacerse la misma pregunta: ¿por dónde empiezo? No existe un orden perfecto, porque no todos los juegos son canon y algunas subsagas funcionan aparte (como los Lords of Shadow o los títulos de Nintendo 64), pero sí hay dos enfoques razonables.
La opción más sencilla es seguir el orden de lanzamiento, al menos en las entregas principales. Gracias a recopilatorios como Anniversary Collection, Advance Collection y Dominus Collection, puedes ir viendo de forma bastante clara cómo la saga pasa de los 8 bits a los 16, salta a PlayStation y se asienta en portátiles con los metroidvania. Este enfoque es ideal si quieres entender la evolución jugable y artística de la franquicia.
La otra vía es atreverse con el orden cronológico dentro del canon. En ese timeline quedan fuera los Lords of Shadow y los Castlevania de N64, y se presta atención a juegos como Lament of Innocence (origen del látigo Matavampiros), los títulos del linaje Belmont clásico, la etapa de John Morris y Bloodlines, y la era futura de Soma Cruz (Aria y Dawn of Sorrow). Es un enfoque interesante para quienes disfrutan siguiendo la historia del clan y viendo cómo cambia la lucha contra Drácula a lo largo de los siglos.
Dicho esto, para muchos jugadores la mejor recomendación práctica es algo más directa: empezar por Symphony of the Night o por la trilogía de GBA/DS (Aria, Dawn, Ecclesia), probar luego Super Castlevania IV y Rondo of Blood, y a partir de ahí ir hacia atrás o hacia los spin-offs que más te llamen. Una vez hayas catado esas cimas, ya no habrá vuelta atrás: querrás recorrer todo el linaje Bélmont, glifo a glifo y alma a alma.
A estas alturas, Castlevania ha demostrado sobradamente por qué es un referente absoluto en la historia del videojuego: ha sabido reinventarse varias veces, ha influido a generaciones de desarrolladores y sigue marcando el listón de lo que esperamos de un buen metroidvania. Falta por ver si Konami decide aprovechar su 40 aniversario para resucitarla a lo grande, pero mientras tanto, el castillo de Drácula sigue abierto de par en par para cualquiera que se anime a entrar.
