- Neuralink desarrolla chips de cuarta generación basados en la tecnología de 4 nanómetros de Samsung Foundry.
- El nuevo implante permitirá funciones de lectura y escritura neuronal para restaurar la visión y la movilidad.
- Se prevé una producción masiva de estos dispositivos BCI a partir de finales de 2027.

Seguramente habéis oído hablar de Elon Musk y sus delirios con Marte o los coches que se conducen solos, pero su proyecto más ambicioso, Neuralink, está llevando la interfaz cerebro-computadora (BCI) a un nivel que parece sacado de una película de Cyberpunk. Esta empresa de neurotecnología estadounidense no se anda con chiquitas y busca que, mediante la implantación de un chip, personas que han perdido la movilidad puedan recuperar el control de su vida y manejar dispositivos electrónicos solo con el pensamiento.
Lo que empezó como una idea inspirada en la literatura de ciencia ficción, concretamente en los «cordones neurales» de Iain M. Banks, ha pasado de ser un sueño a una realidad tangible en el presente. Tras superar diversas fases de pruebas con animales y lograr hitos sorprendentes con los primeros pacientes humanos, la compañía se prepara ahora para un salto tecnológico masivo que cambiará las reglas del juego en la medicina y la evolución humana.
El salto a la cuarta generación y la apuesta por Samsung
La gran noticia es que el chip de cuarta generación de Neuralink ya está en el horno y, para ello, Musk ha decidido confiar en Samsung Foundry. El gigante surcoreano se encargará de fabricar estos procesadores utilizando su proceso de 4 nanómetros (nm). Aunque Samsung ya tiene nodos más punteros, como los de 2 nm, se ha optado por el de 4 nm porque es un proceso mucho más maduro, lo que garantiza menos fallos de fabricación, costes más asequibles y, sobre todo, que los plazos de entrega se cumplan a rajatabla.

En este sentido, TSMC quedó fuera de la ecuación principalmente por ser más cara y estar saturada de clientes, lo que ponía en riesgo los tiempos de Musk. El calendario es bastante preciso: el desarrollo arrancó a finales de 2025, se esperan los primeros lotes de prueba durante el primer semestre de 2027 y la producción en masa debería estar lista para finales de ese mismo año. Para Samsung, este contrato es una medalla de honor tecnológica, ya que demuestra que pueden competir en el sector de dispositivos médicos implantables, donde la eficiencia energética y la seguridad son sagradas.
Capacidades revolucionarias: lectura y escritura neuronal
Si los primeros chips ya eran impresionantes, permitiendo que pacientes como Noland Arbaugh controlaran un cursor o jugaran al World of Warcraft, la cuarta generación va un paso más allá. La gran novedad es que estos chips tendrán capacidad de lectura y escritura. Esto significa que no solo extraerán datos del cerebro, sino que podrán enviar señales de vuelta para activar funciones físicas que se creían perdidas.
Imagínate que esto permita restablecer la visión en personas ciegas mediante la estimulación directa de las neuronas cerebrales. No es solo una mejora de rendimiento; es una herramienta para revertir daños causados por infartos cerebrales o enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Básicamente, estamos hablando de crear un puente digital que salve las rutas dañadas del sistema nervioso.
La ingeniería detrás del implante: hilos y robots
Para que todo esto funcione, Neuralink utiliza un sistema compuesto por tres piezas clave. Primero, tenemos las sondas de poliamida, que son hilos ultra finos (unas 20 veces más delgados que un pelo humano) recubiertos de oro para que el cuerpo no los rechace. Estos hilos albergan los electrodos que captan la actividad eléctrica de las neuronas.

Segundo, entra en juego la joya de la corona: el robot neuroquirúrgico R1. Insertar hilos tan flexibles a mano sería una pesadilla, así que este robot lo hace de forma automatizada, evitando los vasos sanguíneos para no causar hemorragias. De hecho, Musk planea que para 2026 el proceso sea casi totalmente automatizado, permitiendo que los hilos atraviesen la duramadre sin necesidad de retirarla, lo que hace la cirugía mucho menos invasiva.
Finalmente, está el ASIC (Circuito Integrado de Aplicación Específica). Este pequeño procesador, del tamaño de una moneda, amplifica y digitaliza las señales neuronales para enviarlas de forma inalámbrica a un teléfono o PC. En los modelos más avanzados, se han logrado arrays de hasta 3072 electrodos, lo que permite una precisión quirúrgica en la lectura de la mente sin precedentes en el sector.
Ética, riesgos y la visión transhumanista
No todo es color de rosa y la comunidad científica no ha pasado por alto las controversias éticas. Neuralink ha sido duramente criticada por la alta tasa de mortalidad en sus primeras pruebas con animales y por la prisa de Musk en saltar a los humanos. Expertos en ética advierten sobre la privacidad de los datos neuronales y el peligro de que esta tecnología se use para fines no médicos.
Más allá de curar la parálisis, Musk tiene un plan mucho más loco: la simbiosis con la inteligencia artificial. Según él, si no nos fusionamos con la IA, corremos el riesgo de quedar obsoletos o ser dominados por ella. Su meta es crear una «capa digital» sobre la corteza cerebral que nos permita procesar información a la velocidad de una máquina, convirtiéndonos en una especie de híbridos biotecnológicos.
El panorama competitivo y el futuro cercano
Neuralink no está sola en esta carrera. Empresas como Synchron o Blackrock Neurotech también están desarrollando interfaces, algunas de ellas menos invasivas que las de Musk. Sin embargo, la capacidad de Neuralink para escalar la producción y su acceso a la fundición de vanguardia de Samsung les da una ventaja competitiva brutal en términos de hardware.
Para 2031, Musk proyecta alcanzar los 20.000 implantes anuales. Aunque ahora solo haya una docena de personas con el chip, la infraestructura se está preparando para un despliegue masivo. El camino es largo y requiere validaciones estrictas de la FDA, pero la base técnica ya está asentada.
La alianza entre la visión disruptiva de Elon Musk y la precisión de fabricación de Samsung está sentando las bases de una era donde el silicio y las neuronas hablen el mismo idioma. Con la llegada de la cuarta generación a 4 nm, la posibilidad de recuperar la vista o el movimiento deja de ser un cuento de hadas para convertirse en una hoja de ruta con fechas y procesos técnicos definidos, marcando el inicio de una transformación profunda en la capacidad humana.