- Fernando Alonso se adjudica el triunfo en una exhibición especial con karts de LEGO previa al Gran Premio de Gran Bretaña.
- El evento contó con la participación de los 22 pilotos de la parrilla y el propio presidente de la FIA.
- Los monoplazas, construidos con 28.000 piezas cada uno, protagonizaron escenas cómicas al quedar atrapados en la grava del circuito.
- Carlos Sainz y Lando Norris recrearon una de las imágenes más legendarias de la historia de la Fórmula 1 durante la prueba.

Antes de que la tensión real se apoderara del asfalto británico, el circuito de Silverstone fue testigo de una competición que ha dado mucho que hablar entre los aficionados. Los pilotos de la parrilla dejaron de lado sus potentes monoplazas por unos instantes para ponerse al volante de unos curiosos karts fabricados íntegramente con piezas de LEGO, repitiendo así una iniciativa que ya causó sensación el año pasado en el trazado de Miami.
La expectación era máxima por ver cómo se desenvolvían los profesionales en un formato tan distendido, y lo cierto es que no defraudaron en absoluto. Aunque no se repartían puntos para el campeonato del mundo, la competitividad afloró enseguida, especialmente en la figura de un Fernando Alonso que logró cruzar la meta en primera posición, regalando a sus seguidores esa simbólica victoria número 33 que tanto tiempo llevan esperando, aunque sea en un formato de juguete.
Un Drivers Parade pasado por plástico y grava

Lo que en principio iba a ser un desfile tranquilo se convirtió en un auténtico caos desde que se apagó el semáforo. Al no existir reglas estrictas sobre los límites de la pista, muchos pilotos decidieron que lo más rápido era recortar por las escapatorias, una decisión que terminó pasando factura a gran parte de la parrilla. Incluso el presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, se vio involucrado en el lío al quedarse su vehículo totalmente encallado en la grava, provocando las carcajadas de los espectadores que llenaban las gradas.
Uno de los momentos más comentados de la jornada lo protagonizaron Carlos Sainz y Lando Norris. El madrileño, tras sufrir problemas con su propio coche de plástico, no dudó en subirse al lateral del vehículo del británico para completar la vuelta juntos. Esta improvisada acción sirvió para recrear la mítica imagen de Senna y Mansell en este mismo escenario en 1991, demostrando el buen rollo que impera entre los antiguos compañeros de equipo.
La picaresca de Alonso para asegurar la victoria
En la parte delantera de la carrera, la lucha por el triunfo se redujo a un duelo a tres bandas. El piloto asturiano tuvo que emplearse a fondo para mantener a raya a Esteban Ocon y Valtteri Bottas, recurriendo a toda su experiencia y a alguna que otra maniobra al límite de la legalidad. Para evitar ser adelantado, se llegó a ver al de Aston Martin sujetando con el brazo el kart de Bottas, una imagen tan surrealista como divertida que puso de manifiesto que el español no sabe lo que es relajarse cuando hay una meta de por medio.
En los metros finales, Alonso optó por una estrategia arriesgada pero efectiva para sentenciar la prueba. Aprovechó el antiguo pit lane y las zonas de tierra para trazar el camino más corto hacia la bandera a cuadros, superando a sus rivales por apenas unos centímetros. Fue una demostración de picaresca y veteranía que sirvió para que el ovetense subiera a lo más alto del podio, recibiendo la ovación de un público que disfrutó de lo lindo con el espectáculo.
Ingeniería de juguete: 28.000 piezas por coche

Detrás de estas divertidas imágenes se esconde un trabajo de ingeniería realmente asombroso. Cada uno de los 22 vehículos individuales estaba compuesto por unas 28.000 piezas de construcción de la marca LEGO, requiriendo miles de horas de montaje para que fueran funcionales sobre el asfalto. Con un peso aproximado de 280 kilos y una velocidad punta limitada a unos 25 kilómetros por hora, estos bólidos de plástico resultaron ser un reto incluso para los pilotos más experimentados del planeta.

Pese a las reticencias iniciales de algunos nombres pesados de la parrilla, como Lewis Hamilton o Max Verstappen, finalmente todos se sumaron a la fiesta. Hamilton, que inicialmente había expresado sus dudas sobre la seguridad del evento, terminó reconociendo que fue una de las experiencias más peculiares de todo el fin de semana. El éxito de esta segunda edición, tras el estreno en Miami el año pasado, confirma que este tipo de eventos promocionales han llegado para quedarse en el calendario de la Fórmula 1.

Esta jornada festiva en el trazado británico ha servido para que los aficionados vean el lado más humano y relajado de sus ídolos entre bromas, empujones y mucha grava. Aunque el triunfo de Fernando Alonso no computará para las estadísticas oficiales ni le otorgará puntos, la imagen del asturiano celebrando con su coche de piezas queda ya como una de las anécdotas más simpáticas de la temporada, demostrando que incluso con un volante de juguete, la ambición del bicampeón sigue intacta.
