- Fernando Esteso muere a los 80 años en el Hospital La Fe de Valencia tras sufrir problemas respiratorios.
- Figura clave del cine del destape y de la comedia popular de los 70 y 80 junto a Andrés Pajares y Mariano Ozores.
- Inicios tempranos en la jota y el teatro de variedades, carrera polifacética en cine, teatro, televisión y música.
- Capilla ardiente en Valencia y entierro previsto en Zaragoza, con amplio reconocimiento público y de compañeros.
El actor y humorista aragonés Fernando Esteso ha muerto a los 80 años en Valencia, dejando huérfano a todo un país que creció con sus películas, sus chistes y sus canciones. El intérprete se encontraba ingresado desde hacía varios días en el Hospital Universitario La Fe, donde los médicos no han podido finalmente revertir el delicado cuadro respiratorio que arrastraba en los últimos tiempos.
Según han confirmado su representante y fuentes sanitarias, el cómico llevaba semanas lidiando con problemas respiratorios que se sumaban a los episodios de insuficiencia respiratoria derivada de una bronquitis que ya le obligaron a pasar por el hospital en 2021. En esta ocasión, el deterioro fue mayor y el intérprete, que desde hace años llevaba una vida más tranquila en la Comunitat Valenciana, no ha logrado superar estas complicaciones de salud.
Últimos días, ingreso hospitalario y causa del fallecimiento
Las informaciones coinciden en que Esteso fue ingresado hace unos días en La Fe por un empeoramiento de su estado respiratorio. Fuentes cercanas señalan que llevaba varias semanas muy delicado, resentido tras distintos tratamientos médicos, y que ya durante las pasadas navidades se vio obligado a cancelar encuentros y celebraciones con amigos por no encontrarse en condiciones.
El intérprete ya había atravesado una etapa complicada a finales de 2021, cuando sufrió una insuficiencia respiratoria ligada a una bronquitis que le mantuvo alejado de los escenarios durante meses. Aunque logró remontar entonces y retomó una vida relativamente activa, este nuevo episodio ha resultado definitivo. De acuerdo con las fuentes consultadas, la causa del fallecimiento se relaciona directamente con esos problemas respiratorios que arrastraba desde hacía tiempo.
En los últimos años, el propio Esteso había hablado con naturalidad de sus achaques, llegando a ironizar en televisión sobre la medicación diaria que necesitaba para mantenerse estable: “Por la mañana tomo diez pastillas y estoy como nuevo”, comentaba con sorna, fiel a ese humor de la calle que le acompañó hasta el final.
Tras confirmarse la noticia, se ha comunicado que la capilla ardiente se abrirá en el Tanatorio Mémora de Valencia, donde familia, amigos y seguidores podrán despedirse del cómico. Posteriormente, está previsto que sus restos sean trasladados a Zaragoza, su ciudad natal, donde la familia quiere que se celebre el funeral en la intimidad.
De “el Niño de la Jota” a referente del cine popular
Nacido en Zaragoza en 1945, en una familia ligada a la jota aragonesa y al teatro de variedades, Fernando Esteso pisó por primera vez un escenario siendo apenas un niño. Debutó como “el Niño de la Jota” con seis años, cantando y actuando en los montajes de sus padres y trabajando incluso como payaso de circo, lo que le dio una soltura muy poco habitual para su edad.
Durante su adolescencia siguió curtiéndose en teatro de variedades y revista, un circuito que hoy casi ha desaparecido pero que entonces era escuela de cómicos, cantantes y actores. Esa mezcla de canto, vis cómica y presencia escénica se convirtió en su seña de identidad, una versatilidad que le permitió dominar humor, interpretación e imitación con una naturalidad que muchos compañeros siempre han destacado.
Con 19 años se trasladó a Madrid en busca de oportunidades y pronto empezó a participar en obras teatrales y programas de televisión. A principios de los años 70 ya era un rostro reconocible en la pequeña pantalla y en los escenarios, con un estilo directo, físico y cercano, muy influido por el clown clásico pero pasado por el filtro del costumbrismo español de la época.
Su debut en el cine comercial se produjo con “Celos, amor y Mercado Común” (1973), al que siguió su primer papel protagonista en Onofre (1974), una comedia coral en la que compartió reparto con figuras como Bárbara Rey, Ágata Lys o Luisa María Delgado. Aquellos primeros títulos abrieron la puerta a una filmografía que acabaría marcando un antes y un después en la comedia española.
La explosión del dúo Esteso-Pajares y el cine del destape
La verdadera revolución en su carrera llegó a finales de los años 70, cuando se unió a Andrés Pajares bajo la batuta del director Mariano Ozores. Juntos, y en plena Transición, se convirtieron en el tándem más taquillero del cine español, encadenando éxitos que llenaban las salas semana tras semana.
El fenómeno arrancó con “Los bingueros” (1979), película que superó el millón de espectadores y multiplicó con creces la inversión inicial, hasta el punto de convertirse en un modelo de producción: rodajes rápidos, presupuestos ajustados y un humor popular, picante y costumbrista que conectaba directamente con la España que salía de la censura franquista y se asomaba al llamado cine del destape.
Le siguieron títulos como Yo hice a Roque III (1980), Los liantes y Los chulos (1981), Todos al suelo y Padre no hay más que dos (1982), Agítese antes de usarla o “La Lola nos lleva al huerto” (1983-84). Durante apenas unos años, rodaron nueve películas que arrasaban en taquilla, hasta el punto de que prácticamente instauraron un subgénero propio: dos tipos ingenuos y pobres que, a golpe de picaresca, se veían envueltos en líos amorosos y enredos absurdos.
El propio Esteso defendía con uñas y dientes ese tipo de comedia. Sostenía que, pese a la presencia de desnudos femeninos y chistes subidos de tono, sus películas no buscaban la humillación, sino la risa franca, sin mala leche, y que los personajes masculinos solían ser perdedores, torpes y entrañables: “Siempre íbamos a la cama vestidos”, solía recordar, marcando distancias con el tono más crudo y violento de muchos productos audiovisuales actuales.
Aunque buena parte de la crítica especializada miró por encima del hombro a aquella filmografía, calificándola de zafia o machista, el público convirtió a Esteso en un auténtico fenómeno de masas. Para muchos espectadores, sus películas formaron parte de la banda sonora visual de una época: hacían cola en el cine, se reían en familia y, años después, volverían a ver esos títulos en reposiciones televisivas que consolidaron su estatus de icono popular.
Humorista total: cine, tele, teatro y música
Más allá de sus trabajos con Pajares, Fernando Esteso desarrolló una prolífica carrera en solitario, tanto en cine como en teatro y televisión. Protagonizó comedias como El erótico enmascarado (1980), Caray con el divorcio (1982), El hijo del cura (1984), Al este del oeste (1984) o El recomendado (1985), además de escribir, codirigir y protagonizar la película para vídeo “Viva la risa” (1987).
En los escenarios, su nombre estuvo ligado a obras de revista y comedias populares como Ramona, te quiero, Ya tenemos risocracia o Las cosas de Fernando Esteso. También triunfó con versiones teatrales como La extraña pareja (1987), de Neil Simon, donde volvió a compartir tablas con Andrés Pajares, demostrando que su química funcionaba igualmente bien fuera de la gran pantalla.
Su faceta musical tampoco pasó desapercibida. Esteso se convirtió en un cantante humorístico de enorme éxito con temas como “La Ramona” y “El Bellotero”, verdaderos himnos populares que todavía hoy se escuchan en fiestas y celebraciones. En 2011 llegó incluso a grabar una nueva versión de La Ramona junto a King África, un gesto que evidenciaba hasta qué punto su legado seguía vivo en el imaginario colectivo.
Dotado de un gran talento para la imitación, parodió a voces tan reconocibles como las de Julio Iglesias, Raphael, Camilo Sesto, Nino Bravo, Tom Jones o Manolo Escobar. Esa habilidad le abrió puertas en programas de televisión, galas y espectáculos en directo, donde podía pasar de cantar una jota a clavar una imitación de un cantante internacional sin perder la sonrisa.
En la pequeña pantalla, participó en programas de humor y entretenimiento desde los años 70 y, ya en la era de las cadenas privadas, presentó espacios como La ruleta de la fortuna y Veraneando en Telecinco. A mediados de los 90 mantuvo un sonado conflicto contractual con la cadena que acabó en los tribunales y se resolvió con una indemnización a su favor, un episodio que marcó uno de los puntos de inflexión en su trayectoria mediática.
Reconocimientos, últimos trabajos y retiro paulatino
Aunque durante décadas fue uno de los actores más taquilleros de España, Esteso nunca terminó de recibir, en vida, el mismo nivel de reivindicación crítica que otros compañeros de generación. Él mismo comentaba, con cierta resignación pero sin rencor, que buena parte de la industria hacía como si aquel cine popular nunca hubiera existido, a pesar de que había sostenido a la taquilla durante años.
En los últimos tiempos, algunos directores y actores se esforzaron por rescatar su figura desde una mirada más amplia. Agustí Villaronga le ofreció papeles en “Incierta gloria” (2017) y “Loli Tormenta” (2023), esta última convertida en la película póstuma tanto del cineasta como del propio Esteso. También participó en la saga Torrente, en series como Gym Tony, La que se avecina o Justo antes de Cristo, y en la serie documental Pajares & CIA, donde se revisaba el fenómeno cómico de su generación.
Pese a su relativa retirada mediática, seguía apareciendo puntualmente en proyectos de cine y televisión y no dudaba en subir al escenario cuando la salud se lo permitía. En 2023, por ejemplo, entregó un premio Goya al mejor cortometraje documental, aprovechando para dedicar unas palabras a los fallecidos Carlos Saura y Agustí Villaronga y deslizando, con el humor que le caracterizaba, la idea de que algún día se reuniría con ellos para seguir escribiendo historias.
Compañeros como Santiago Segura o Carlos Latre han subrayado estos días su condición de “actor con verdad, cómico de primera, excelente cantante y genial imitador”, además de remarcar su trato cercano y educado. Latre llegó a definirlo como “un precursor de todo”, reivindicando su papel pionero en la imitación y en esa mezcla de humor y música tan característica de su época.
Desde Aragón, su tierra, también se han sucedido las muestras de admiración. El presidente autonómico, Jorge Azcón, ha anunciado la concesión de la medalla al mérito cultural de Aragón a título póstumo, como reconocimiento a toda una vida dedicada al espectáculo y al orgullo con el que siempre llevó su condición de ‘maño militante’ allá donde iba.
Vínculo con Valencia y vida personal
Aunque nunca renunció a su identidad aragonesa, Fernando Esteso mantuvo un estrecho vínculo con la Comunitat Valenciana, donde residió durante décadas. Instalado primero en distintos puntos del Mediterráneo y, más recientemente, en la ciudad de València, se convirtió en un valenciano de adopción, muy integrado en la vida social y cultural de la zona.
Era habitual verlo en las Fallas y en la programación de teatros locales como el Olympia, donde sus funciones de comedia y revista seguían congregando a un público fiel. Amigos como el extorero Vicente Ruiz ‘El Soro’ o el humorista Paco Arévalo compartían con él comidas navideñas y celebraciones, hasta que su delicado estado de salud le obligó a ausentarse de estas citas en los últimos años.
En el plano personal, Esteso estuvo casado con María José Egea, con quien tuvo dos hijos, Arancha y Fernando José. El matrimonio se separó en los años 90 y ella falleció en 2003. Con el tiempo, el actor se mudó a la Comunitat Valenciana para vivir cerca de sus hijos, algo que él mismo contaba con orgullo, subrayando que se sentía “vigilado con cariño” por su familia.
En entrevistas recientes, habló sin tapujos de problemas de adicción que había atravesado a lo largo de su vida, reconociendo que en su época “se probaban cosas” que luego pasaban factura, pero insistiendo en que lo importante era no recrearse en el arrepentimiento, sino aprender y seguir adelante. Esa manera de mirar hacia atrás sin dramatismos resume bien su carácter: honesto, directo y poco dado a la autocompasión.
Aunque su popularidad televisiva empezó a menguar a partir de los años 90, nunca perdió el contacto con el público. Seguía recibiendo muestras de cariño por la calle y, como él mismo admitía, le dolía que le faltara trabajo incluso cuando el afecto de la gente se mantenía intacto. Aun así, asumió esa etapa con deportividad, sin perder el sentido del humor sobre sí mismo y sobre la industria.
Un humor de la calle que marcó a varias generaciones
Si algo definía a Fernando Esteso era su concepto de humor “limpio, blanco y sin complicación”. Él mismo describía su estilo como un humor “de la calle”, más pendiente de mantener una sonrisa constante en el espectador que de provocar grandes carcajadas puntuales. Esa cercanía se reflejaba en personajes reconocibles, pícaros pero ingenuos, que encarnaban a la perfección a ese “español medio” de la Transición.
En sus películas, el esquema se repetía con variaciones: dos tipos sencillos y pobres que veían la oportunidad de cambiar su destino a través de una pequeña estafa, un golpe de suerte o un enredo amoroso, para acabar siempre enredados y superados por las circunstancias. Esa fórmula, inspirada en la picaresca tradicional, conectó con un público que se reconocía en sus tropiezos y aspiraciones.
Al mismo tiempo, su trabajo se movía en la frontera entre la liberación y el abuso propia del cine del destape, reflejando una España que quería ser moderna, europea y sofisticada mientras lidiaba con inercias machistas y contradicciones morales heredadas de la dictadura. Esteso solía recordar que ese cine, tan criticado por algunos, sostuvo económicamente a buena parte de la industria, financiando películas más prestigiosas que luego acaparaban premios y elogios.
Lejos del tópico del cómico histriónico, quienes trabajaron con él describen a un hombre educado, pausado y muy consciente de su oficio. Sabía perfectamente qué pedía el público y cómo modular tiempos, gestos y silencios para que el chiste funcionara. En entrevistas, recordaba con detalle los rodajes frenéticos de los 70 y 80, en los que se improvisaban diálogos y se remataban chistes en el doblaje para ahorrar costes.
Con el paso del tiempo, su figura se fue deslizando desde la del simple cómico popular hacia la de personaje entrañable de la memoria colectiva. Él mismo señalaba que la fama era pasajera, pero que si uno lograba saltar del escalón de “famoso” al de “entrañable”, ese cariño podía durar toda la vida. A juzgar por las reacciones tras su muerte, lo consiguió con creces.
La despedida de Fernando Esteso no sólo cierra la biografía de un actor y humorista que llenó cines y teatros durante décadas, sino que apaga una de las voces que mejor retrataron, con ironía, picardía y ternura, la España que salió de la dictadura para adentrarse en la Transición. Desde su debut como Niño de la Jota hasta sus últimos papeles en el cine más reciente, pasando por canciones, imitaciones y anuncios que se quedaron grabados en la memoria popular, Esteso deja un legado tan discutido por la crítica como querido por el público. Con su muerte, se va uno de los grandes nombres del humor popular español del siglo XX, pero las risas y las frases que sembró en varias generaciones seguirán resonando mucho tiempo en la cultura colectiva.
