- EVERDARK: Undead Apocalypse combina shooter clásico y survival horror con fuerte inspiración en el cine de terror ochentero y la serie B.
- Su jugabilidad gira en torno a disparar, aturdir y rematar con una estaca, gestionando munición y recursos muy limitados.
- Ofrece quince niveles cortos pero intensos, con puzles sencillos, exploración y una dificultad exigente que premia la estrategia.
- Es un proyecto indie formativo de ESDIP_GAMES, primer capítulo de una saga ambientada en el mismo universo vampírico.

Si buscas un shooter en primera persona de vampiros con alma de serie B, EVERDARK: Undead Apocalypse es de esos juegos que te entran directo por la vena nostálgica. Este título español mezcla acción rápida al estilo de los viejos FPS con las tensiones de un survival horror clásico, de esos en los que cada bala cuenta y un simple vendaje puede salvarte la partida.
Lejos de intentar competir con los gigantes del mercado, EVERDARK llega como un proyecto indie muy honesto, con esencia ochentera y un cariño evidente por el cine de terror de videoclub y por sagas de caza de vampiros como Castlevania: Belmont’s Curse: vampiros grotescos, humor negro, litros de sangre pixelada y un tono gamberro que apuesta más por la diversión que por la seriedad absoluta.
Qué es EVERDARK: Undead Apocalypse
EVERDARK: Undead Apocalypse es un FPS de vieja escuela con fuerte componente de survival horror, desarrollado por el estudio madrileño ESDIP_GAMES y publicado por Dojo System. Se trata del primer capítulo de una saga ambientada en un mismo universo, con intención de continuar la historia en futuras entregas.
El juego se inspira abiertamente en clásicos como Doom, Unreal o Quake en lo jugable, y en sagas como Resident Evil en todo lo relacionado con la gestión de recursos, puzles y atmósfera opresiva. A esto se le suma una devoción total por el cine de terror y la serie B de los años 80, con referencias a películas como Noche de miedo, Vamp o Jóvenes ocultos.
Conviene tener en cuenta que EVERDARK nace como proyecto formativo dentro de la ESDIP Escuela de Arte de Madrid. El título es el resultado del trabajo del alumnado del último curso de Arte y Desarrollo Visual para Videojuegos, que debe culminar sus estudios lanzando un juego en Steam y otras plataformas. Eso se nota tanto en sus virtudes, como en algunas de sus limitaciones técnicas.
Su campaña se articula en quince niveles relativamente breves, con una duración total que ronda las cuatro o cinco horas, dependiendo de la habilidad del jugador y de cuántas veces termine siendo pasto de los colmillos enemigos. Los desarrolladores lo dejan claro: quieren que el jugador sufra un poco mientras aprende a sobrevivir.
Una historia de carretera, sangre y vampiros
La premisa argumental de EVERDARK es sencilla, directa y muy de película de sobremesa: un conductor vuelve de visitar a su primo en Milwaukee y, por culpa de un desvío en la carretera, termina llegando a la maldita ciudad de Everdark. Un aparatoso accidente bloquea el camino y le obliga a detenerse.
Al salir del coche, el protagonista se encuentra con una escena digna de pesadilla: un cadáver tirado en mitad del asfalto y dos criaturas monstruosas devorando el cuerpo sin pudor. Esas bestias, que resultan ser vampiros, detectan su presencia y se lanzan a por él, obligándole a huir a pie hacia el pueblo cercano con la esperanza de encontrar ayuda.
Pronto descubre que Everdark está totalmente sumida en el caos. Las calles, las alcantarillas, los edificios… todo el lugar está infestado de vampiros inhumanos, alejados del arquetipo romántico. Aquí no hay seductores atormentados: son depredadores rabiosos, sin rastro de humanidad, que solo viven para alimentarse y cortarte el avance.
La trama se cuenta de manera muy contenida y fragmentada. El jugador recibe información a cuentagotas a través de notas repartidas por los escenarios, textos crípticos y algún encuentro con otros supervivientes. No es un juego que apueste por largas cinemáticas ni diálogos profundos, sino por una narrativa que acompaña a la acción y deja huecos a la imaginación.
Durante la aventura, además de luchar por tu vida, tendrás que ayudar a algunos supervivientes, desentrañar qué ha pasado en la ciudad y, con suerte, encontrar una posible vía de escape a esta pesadilla vampírica. Todo ello mientras intentas no quedarte seco de munición en el peor momento.
Jugabilidad: un boomer shooter con alma de survival horror
En cuanto te pones a los mandos, EVERDARK se siente como un boomer shooter de corte clásico: vista en primera persona, movimiento rápido, acción contundente y niveles diseñados para explorar mientras busques la salida. Sin embargo, no tarda en enseñar su otra cara, mucho más cercana al survival horror tradicional.
A lo largo de sus quince fases, recorres escenarios variados como pueblos, zonas urbanas, iglesias, hospitales u oscuras alcantarillas. Muchos de estos mapas no son enormes, pero sí lo suficiente como para obligarte a prestar atención al entorno, buscar caminos alternativos, localizar suministros y recordar puertas o zonas bloqueadas que podrás abrir más adelante.
El objetivo principal suele ser bastante claro: ir de un punto A a un punto B, con la salvedad del último nivel, que se centra en un enfrentamiento contra el jefe final de este capítulo, Loviatar. Ahora bien, llegar del inicio al final rara vez es un paseo; por el camino tendrás que resolver pequeños puzles, reunir llaves u objetos concretos y, sobre todo, decidir cuándo pelear y cuándo escabullirte.
Los puzles tienen una dificultad moderada y un papel más rítmico que cerebral. Sirven para cambiar el tempo del juego, darte un respiro entre tiroteos y persecuciones, y animarte a inspeccionar mejor los escenarios. No pretenden romperte la cabeza, sino obligarte a frenar un poco y a administrar tu inventario.
La clave de la jugabilidad está en la dualidad: puedes optar por una aproximación frontal, a lo bruto, o por un avance más calculado y sigiloso. Lanzarte de cara contra todos los enemigos es posible, pero sale caro en términos de munición y salud, porque el protagonista es sorprendentemente frágil y las curas escasean.
El sistema de combate: dispara, aturde y estaca
Si por algo destaca EVERDARK es por su mecánica de combate centrada en “disparar y rematar con estaca”. Aquí las balas no son la solución definitiva: la mayoría de armas de fuego sirven para debilitar o aturdir a los vampiros, pero no para matarlos de forma permanente.
Para acabar con un enemigo, primero debes reducirlo con disparos o golpes cuerpo a cuerpo y, cuando esté lo bastante atontado, acercarte lo suficiente para clavarle una estaca en el corazón. Ese remate cuerpo a cuerpo es el verdadero golpe de gracia, el momento en el que el vampiro estalla en ceniza y desaparece del mapa.
Este sistema convierte cada encuentro en una danza macabra cargada de tensión. No basta con apuntar bien desde lejos; hay que encontrar el hueco para acercarse, vigilar que no haya más enemigos rondando, controlar cuánto tiempo permanecen aturdidos y decidir si merece la pena gastar recursos en uno u otro objetivo.
El arsenal es bastante variado para un juego de este tamaño. Cuentas con armas cuerpo a cuerpo como tuberías, bates, hachas o katanas, que tienden a romperse tras unos cuantos usos, y un surtido de armas de fuego que incluye pistolas, escopetas, ballestas, ametralladoras e incluso una pistola de agua bendita, ideal para hacer trizas a los chupasangres como si estuvieras en Jóvenes ocultos.
Junto a las armas tradicionales, el juego introduce un buen puñado de herramientas clásicas de cazavampiros: ajos, crucifijos, granadas de ajo, agua bendita e incluso refugios decorados con cabezas de ajo donde los vampiros no pueden entrar. Estas zonas seguras permiten tomar aire, reorganizarte y plantear la siguiente jugada.
Gestión de recursos y dificultad
EVERDARK no se corta a la hora de apretarte las tuercas. La munición, los vendajes y los objetos curativos son escasos, y se consumen con pasmosa rapidez si te dejas llevar por el gatillo fácil o los combates innecesarios.
Esto te obliga a pensar cada enfrentamiento. A veces compensa esquivar a un grupo de vampiros en lugar de intentar limpiar toda la zona. En otras ocasiones, un ataque frontal puede ser la única opción, pero sabiendo que quizá te quedes seco de balas antes de alcanzar el siguiente punto de control.
Los enemigos, aunque no son extremadamente variados (el plantel ronda los cinco tipos de vampiros distintos, más Loviatar como jefe), sí aparecen en cantidades considerables en ciertos mapas. Si permites que se acumulen demasiados a tu alrededor, basta un par de fallos al recargar o un mal salto hacia un callejón sin salida para acabar masticando polvo y volviendo al último checkpoint.
La inteligencia artificial es relativamente simple, lo que en algunos casos te permitirá engañar a los enemigos o darles esquinazo. Sin embargo, la combinación de su agresividad, tu fragilidad y la escasez de recursos hace que la dificultad general se perciba como elevada, especialmente al principio, cuando todavía estás aprendiendo cómo funciona el ciclo de disparar, estacar y huir.
Morir forma parte del aprendizaje. Cada vez que caes, entiendes mejor el diseño del nivel, los puntos peligrosos, las rutas más seguras y en qué momentos es mejor correr que apretar el gatillo. El juego se convierte así en una especie de “entrenamiento por ensayo y error” donde la muerte susurra al oído: por aquí no, cambia de plan.
Un homenaje descarado al terror de los 80
Más allá de su jugabilidad, EVERDARK destaca por su compromiso absoluto con la estética del terror ochentero. Es, literalmente, una carta de amor a esas sesiones de VHS, manta y sofá, en las que las pelis de vampiros de serie B nos enseñaban, casi sin querer, un manual de supervivencia contra criaturas nocturnas.
El juego apuesta por una atmósfera oscura, tétrica y algo grotesca, en la que el gore se mezcla con el humor negro. Las descripciones de objetos, algunas situaciones absurdas y determinados diálogos destilan un cinismo juguetón que evita que la historia se tome demasiado en serio a sí misma.
Este tono desenfadado encaja muy bien con la jugabilidad: no pretende ser un drama épico ni reiniciar el género, sino ofrecer un festival de chupasangres, ajos y estacas que satisfaga a quien disfruta del terror gamberro y de los juegos que no esconden su condición de serie B.
Las referencias al cine ochentero y a otros videojuegos clásicos son constantes, tanto a nivel de ambientación como de pequeños guiños visuales o sonoros. Es un título que sabe perfectamente a qué público quiere llegar: amantes del terror retro, del metal, de los boomer shooters y de las historias de vampiros sin edulcorantes.
Apartado técnico, artístico y sonoro
En lo visual, EVERDARK se sitúa en un curioso punto intermedio, como si hubiera sido rescatado de una época entre PS2 y PS3. Los modelados de personajes, armas y escenarios son sencillos, sin un gran despliegue de detalle, y algunas animaciones resultan algo genéricas o robóticas.
No obstante, hay que tener en cuenta el contexto: estamos ante un juego indie desarrollado en gran parte por estudiantes, con un presupuesto limitado. En ese marco, la elección de una estética retro es bastante inteligente, porque pone el acento en la atmósfera y evita comparaciones directas con producciones de alto presupuesto.
El título está creado en Unreal Engine 5 y, pese a sus limitaciones, se siente fluido y con una respuesta de control satisfactoria. El gunplay tiene buen peso, los impactos se perciben contundentes y la sensación general al mover al personaje por los niveles es notable para un proyecto de esta envergadura.
La iluminación opta por entornos muy oscuros, pero sin abusar del negro absoluto. En algunos momentos puede ser recomendable ajustar el brillo o la configuración gráfica para no avanzar a ciegas, sobre todo en zonas como las alcantarillas, donde la tensión nace precisamente de no ver con claridad qué hay a unos metros.
En el terreno sonoro, EVERDARK apuesta por una banda sonora de metal industrial y toques ochenteros, compuesta por el grupo Bloody Kitchen y otros colaboradores cercanos al equipo. Los temas más cañeros encajan muy bien con las secciones de combate, elevando las pulsaciones cuando la pantalla se llena de colmillos y garras.
Las piezas más tranquilas pueden volverse un poco repetitivas con el tiempo, pero en general el sonido acompaña bien la atmósfera de terror y acción. El doblaje, sin ser sobresaliente, cumple teniendo en cuenta la naturaleza del proyecto y el enfoque claramente indie que tiene el juego.
Estructura por capítulos y duración
EVERDARK: Undead Apocalypse se presenta como el primer capítulo de una serie de videojuegos ambientados en el mismo universo. Este enfoque episódico tiene su parte positiva y su parte más polémica, especialmente entre quienes prefieren campañas largas y cerradas desde el primer día.
Por un lado, la campaña de esta primera entrega es compacta, directa y relativamente corta, con esos quince niveles que se pueden superar en unas cuatro o cinco horas. Se siente como una experiencia cerrada y rejugable, con margen para mejorar rutas, ahorrar recursos y dominar el sistema de combate.
Por otro lado, la estructura por capítulos puede dar la sensación de estar ante una gran demo extendida o el primer acto de una obra de mayor tamaño. Algunos jugadores pueden quedarse con la impresión de que la trama se corta justo cuando empieza a ponerse más interesante, o de que el universo del juego podría dar para algo todavía más profundo.
En el contexto de un estudio pequeño, compuesto por profesores y estudiantes, esta fórmula tiene sentido: permite centrarse en un producto jugable bien pulido y viable, en lugar de intentar abarcar una súper producción inasumible. Aun así, la verdadera prueba estará en si los siguientes capítulos terminan viendo la luz y logran expandir lo planteado aquí.
En conjunto, EVERDARK: Undead Apocalypse es un FPS/survival horror corto pero intenso, que no se anda con rodeos y sabe exactamente lo que ofrece: acción de vieja escuela, vampiros implacables, muchos ajos, una sola estaca salvadora y un amor descarado por el terror de los 80. Para quienes disfrutan de esa mezcla de gestión de recursos, adrenalina y humor macabro, es una pequeña joya indie “made in Spain” que merece tener en el radar.

