- Apple ha presentado una demanda contra OpenAI y dos exempleados por apropiación indebida de secretos comerciales.
- Chang Liu y Tang Tan, antiguos empleados de Apple, son acusados de llevarse información confidencial y prototipos.
- La demanda detalla prácticas como entrevistas con componentes robados y un fallo de autenticación que permitió acceder a archivos internos.
- OpenAI niega las acusaciones y asegura que no tiene interés en los secretos de otras empresas.

La guerra por el talento y la tecnología entre dos gigantes tecnológicos ha estallado en los tribunales. Apple ha interpuesto una demanda contra OpenAI y dos de sus exempleados, acusándolos de robo sistemático de secretos comerciales para impulsar el desarrollo de hardware de inteligencia artificial. La denuncia, presentada en un tribunal federal de California, describe una trama que incluye desde ordenadores no devueltos hasta entrevistas de trabajo donde se exhibían prototipos aún no lanzados.
El conflicto, que enfrenta a dos empresas que hasta hace poco eran socias, pone de manifiesto la creciente tensión en el mercado de dispositivos con IA. Apple asegura que OpenAI ha orquestado una campaña para apropiarse de información confidencial a través de antiguos empleados, mientras que la compañía de Sam Altman se defiende afirmando que no tiene interés en secretos ajenos. La demanda podría tener implicaciones de gran calado para el futuro de ambos gigantes.
Los hechos que desencadenaron la demanda

Todo comenzó cuando Chang Liu, un ingeniero sénior de sistemas eléctricos que trabajó ocho años en Apple, se marchó a OpenAI en enero de 2026. Según la denuncia, Liu no devolvió el ordenador portátil de la empresa y, además, descubrió un fallo de autenticación que le permitía seguir accediendo a los servidores internos de Apple. En lugar de notificarlo, se descargó decenas de archivos confidenciales, incluyendo especificaciones técnicas, presentaciones de ingeniería y datos de productos no anunciados.
La demanda también señala que Liu animó a otra ingeniera de Apple, Alyssa Peng, a estudiar material confidencial antes de sus entrevistas en OpenAI y le aconsejó cómo evitar ser detectada por los equipos de seguridad. Las conversaciones, mantenidas en aplicaciones de mensajería privada, incluyen un mensaje con un «jajaja» que se ha convertido en una de las pruebas más llamativas del caso. Peng finalmente se unió a OpenAI en abril, según Bloomberg.
El papel de Tang Tan y la estrategia de OpenAI

El otro exempleado señalado es Tang Tan, quien fue vicepresidente de diseño de producto en Apple durante 24 años y ahora es director de hardware en OpenAI. Apple alega que Tan utilizó su conocimiento de los proveedores y procesos internos para beneficiar a su nueva empresa. Se le acusa de enviarse a sí mismo información sobre proveedores y resúmenes industriales antes de irse, así como de pedir a candidatos que llevaran componentes físicos de Apple a las entrevistas de trabajo.
La denuncia describe estas sesiones como «show and tell», donde los aspirantes mostraban piezas como baterías o placas base. Un empleado de Apple que solicitó un puesto en OpenAI se mostró sorprendido: «No sabía que podíamos llevarnos esos dispositivos de la oficina«, declaró. Apple afirma que esta práctica forma parte de una estrategia orquestada por la cúpula de OpenAI para extraer información confidencial de forma sistemática.
Además, la demanda menciona que OpenAI habría utilizado una técnica de acabado metálico patentada por Apple a través de un proveedor compartido, engañando a este último al hacerle creer que contaba con el permiso de Apple. Este hecho, según los abogados de la manzana, demuestra que la cadena de suministro también es vulnerable a la filtración de secretos industriales.
La respuesta de OpenAI y el contexto del conflicto
OpenAI ha respondido a las acusaciones con un comunicado en el que afirma no tener «ningún interés en los secretos comerciales de otras empresas». «Seguimos centrados en desarrollar tecnología innovadora que empodere a las personas en todo el mundo», declaró un portavoz. La compañía también ha señalado que está revisando la demanda y que confía en que el proceso judicial aclarará los hechos.
El enfrentamiento llega en un momento delicado para ambas compañías. Apple y OpenAI anunciaron una importante alianza en 2024 para integrar ChatGPT en los sistemas operativos de iPhone, iPad y Mac, impulsando el ecosistema de Apple con funciones de IA. Sin embargo, la relación se ha ido deteriorando a medida que OpenAI avanzaba en sus planes de hardware. La adquisición de io Products, la startup fundada por el exdiseñador jefe de Apple Jony Ive, por 6.500 millones de dólares, fue vista por Apple como una declaración de intenciones en el mercado de dispositivos.
Según la demanda, más de 400 exempleados de Apple trabajan ahora en OpenAI, lo que la compañía de Cupertino considera una amenaza directa a su propiedad intelectual. Apple asegura que intentó resolver el conflicto de forma amistosa enviando una carta a OpenAI en febrero, pero que nunca recibió respuesta. «No nos queda otra opción que recurrir a los tribunales», afirmó un portavoz de Apple.
El caso, que se ha convertido en uno de los más sonados del año en el sector tecnológico, pone sobre la mesa cuestiones clave sobre la movilidad del talento y la protección de secretos comerciales en la era de la inteligencia artificial. Mientras tanto, OpenAI se prepara para su esperada salida a bolsa, y esta demanda podría complicar sus planes. Apple, por su parte, busca una orden judicial que impida a OpenAI utilizar o poseer sus secretos comerciales, además de una indemnización por daños y perjuicios cuyo importe se determinará en el juicio.
La batalla legal entre Apple y OpenAI no solo afecta a las dos empresas, sino que también marca un precedente para la industria tecnológica. La forma en que se resuelva este conflicto podría definir cómo se gestionan los secretos comerciales en un entorno donde la competencia por el talento y la innovación es cada vez más feroz. Lo que está claro es que, por ahora, la relación entre ambos gigantes ha pasado de la colaboración a la confrontación judicial, y el desenlace promete ser largo y complejo.